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viernes, 31 de julio de 2015

A LA LUNA ENAMORADA


CRISTÓBAL ENCINAS SÁNCHEZ

Esta esplendorosa noche
en que vas tan desbocada,
¡Luna!, que te vas de fiesta,
te veo muy aligerada
sin tul y sin recovecos,
redonda, expansiva y cálida,
hacia el mundo que te vea
que vas muy dispuesta y clara.
Sumiso se rinde el campo
postrado a tus pies, te alaba
en una alfombra de raso,
y las montañas más altas,
con la cabeza inclinada,
son más esbeltas que nunca
y no desmerecen gracia;
no te dan siquiera sombra
a ti, novia enamorada.
¡Por segunda vez que os noto
más intensa y aún más guapa!
Te lo dije el otro día,
por si en duelo me obligara:
no se lo digas al Sol,
que en caso que me afrentara 
le pediré saldar cuentas
a caballo y con espada.
Teniéndote, Luna, enfrente,
y si no he ganado al alba
tomaré el camino largo,

jamás te pediré nada.

jueves, 30 de julio de 2015

UNA OPCIÓN DRÁSTICA

CRISTOBAL ENCINAS  SÁNCHEZ  (Un cuento básico)  
                                               
                            (LA FOTO ES DE JUAN QUESADA ESPINOSA )                   

En su soledad, ya crispado, dejó caer su arma  y se alejó caminando por la trinchera. Había pensado mucho en su situación presente.                                                                                                       
Levantó la cabeza y, al momento, surcó el aire algo tan esperado como no temido.                       
El soldado cayó al suelo, desalmado, tras dar el último paso en dirección a su casa. 

jueves, 23 de julio de 2015

LA LUNA SE VA A ACOSTAR

CRISTÓBAL ENCINAS SÁNCHEZ
                                                La foto es propiedad de Juan Quesada Espinosa
Se está la luna arreglando 
para meterse en la cama.
El sol, como que es su dueño,
la tiene bien adiestrada.
Mañana saldrá más tarde,
mejor vestida y más guapa,
con velo de tul de seda
ocultándose la cara,
y que no la vea su amo,
pues la tiene secuestrada.
Que apague la luna el último
que en su sueño la adorara,
no vaya  a ser que la roben

cuando llegue la alborada.

martes, 14 de julio de 2015

EL MISERABLE

CRISTÓBAL ENCINAS SÁNCHEZ
Mantén los oídos sordos, la palabra quieta.
No respires siquiera, se acerca el miserable
que ha huido del altercado que todos los días provoca.
Con los ojos rabiosos dio paso al escándalo.
Sonríele cuando llegue, y no le hables,
que su cayada  puedes recibirla en la cabeza.
Cuando se siente en su silla,
sácale la cena, que nadie se le acerque.
Solo el gato, que maúlla muy paciente,
le mira con descaro, esperando una tajada.
Tras la puerta del comedor le mira su mujer,
tímidamente, como que es su vasalla.
Ella lo ve solo, es un borracho insoportable.
Sus hijos duermen hace algunas horas,
no soporta que lo miren mientras come.
Tras la ingesta, sale al huerto y mira hacia al cielo, retrepándose.
Cuenta las estrellas mientras orina satisfecho,
y no espera que alguna de ellas se le apague.
Está seguro de que tiene fuerza.
Con desplante, obnubilado, se va hacia su cama.
Confía en que los demás estarán pendientes de él otro día.
Y dormirá como un lirón en un desierto,
sin saber que una fiera lo vigila

y un día próximo ya no le dará tregua.

martes, 7 de julio de 2015

SIEMPRE VOLARÁS

CRISTÓBAL ENCINAS SÁNCHEZ
Siempre debilité al poema que quería salir,
y le empujaba hacia adentro para que no saliera,
oyéndolo que me pedía ser libre.
Al final de la noche calurosa, airada,
salía clamando a voces, y cuando estaba calmado,
entre susurros, se aposentaba a mi lado y me decía:
"Así soy yo, un poema que no quiere ser mudo
y que saques conmigo lo que es tuyo.
Habla para mí que yo sabré escucharte.
Sé que serás inconcreto, imprevisto, irrazonable;
que titubeando disientes del ruido
y huyes de la apariencia;
y aunque también eres débil,
no sabes hablar a tiempo de lo injusto.
Todo en ti está justificado,
todo eso lo admites.
Eres necio, tal vez, improvisando hacia tu vida,
disconforme, pero yo te centro
y te pongo al borde del camino
que seguirás rutinario entre tus dudas.
Sé que en otros poemas tuyos sonó la luz,
el brillo en los ojos y el pelo excesivamente largo;
que la luna llena y los labios cálidos ondeaban
por encima de tu casa,
como a tres cuartas de distancia.
Una muchacha, en la ventana de su habitación,
siempre, en silencio, te aguardaba.
Sé que eres dulce -y gris, no siempre-
cuando le cantas tras cuarenta años que para ti fueron nada,
porque aún eres joven;
es como si la adolescencia se diera la mano con la edad avanzada".

Si yo dijera que no me acuerdo de estas cosas, mentiría,
y sentirías una decepción,
porque es verdad cuanto has dicho en esta página.
Siempre me debilité ante el poema
que por el cuello me surgía atrafagando,
con torpes palabras, que fueron, no sé, infundadas,
que me atrevo a exponer ahora 
cuando la noche cruza los umbrales de la alborada.
¡Poema!, sal y expándete en el mar de esta hoja en blanco
y préstame tu sinceridad, que de ella me valgo.
Cuajado está tu desencuentro en mi mirada,
peinada está la ocasión de una aventura,
por no decir de sentimientos que están en retirada.

¡Oh!, tú volarás un tiempo compungido
porque no sabrás llorar mejor la irresoluta pena
que mi corazón guarda temprano, incomprendido,

y que, desolado, por la noche, me condena.

viernes, 3 de julio de 2015

DÍAS DE CALOR

Cristóbal Encinas Sánchez
                                                             

El aire abrasa como un horno en pleno.
La noche es un suplicio continuo
y no puedes dormir sin dar un respiro agradable.
Me voy a la ventana a observar la luna llena.
¡Cuántos recuerdos de veranos pasados  ya en el olvido!
Creeré que la noche vendrá refrescante;
me tiendo en la cama y comienzo a darle vueltas  a la cabeza
con auspicios de que volverá el aire fresco
que vendrá desenfadado del oeste.
No puedo pensar en otra cosa:
el aire vendrá fresco en la mañana.
Toda la noche quebrantando el sueño,
y un transistor, que me acompaña con obras de los grandes,
deja sonar el piano, un oboe y varias guitarras.
No puedo dormir, es lo que se espera en esta noche de julio.
Sueños graves e imposibles, sueños indeseados,
y las asechanzas del nuevo día que aún están por desvelarse.
Si la noche me ahoga, más me ahoga el recuerdo,
pero el día poderoso me causa la misma angustia que el de ayer.
Es un verano, como en los años pasados, agotador e incansable.
Quiero pensar en el calor como algo profundo,
que nace de dentro, como el amor de los padres
y de la gente preocupada que no deja que te ocurra nada malo.

Así espero a que el tiempo pase,
y que el sol, allá en lo alto, se resquebraje.