Cristóbal Encinas Sánchez
Le decía a la mujer del cuadro:
"Mujer, mírame a los ojos para quitarme esta pesadumbre y dame un poco de
frescura, tengo mucha sed y calor, estoy cansado".
Había venido tras los montes
clamando, y la miraba extasiado. Era guapa, trigueña, con un mirar apasionado.
El sol se derretía en el firmamento, la campiña era extensa. Después de estar
postrado frente a ella unos minutos, se durmió profundamente hasta la noche. Y
soñó.
La
soñó con tanta intensidad que ella se hizo presente. Entonces le dio toda el
agua que pudo desear.
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