CRISTÓBAL
ENCINAS SÁNCHEZ
Sentado frente a la lumbre, aspiraba lentamente el humo producido
como si degustara en sus labios de un aromático cigarro. Después de la Navidad,
se habían juntado un montón de papelillos de los mantecados, bombones y alfajores.
Con la informe caja de cartón, que fue su embalaje, todo se prendió sobre las
ascuas, ramificándose en llamas serpenteantes y laudatorias que se retorcían
como si tuvieran vida, pidiendo absolución y merced para el nuevo año.
Después
quedó una estructura gris y esquelética, inconsistente como un débil calco de lo
que fue, y que se esparció en ínfimas partículas tras un ligero soplo del que había provocado la ignición.
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