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sábado, 9 de agosto de 2014

CUANDO TÚ NACISTE

  Lema: ¿Por qué dicen amor cuando quieren decir sexo?
                                       Cristóbal Encinas Sánchez

    No había nadie como Nadine cuando nació. Quiso la suerte que su madre fuera a casa de sus abuelos en diciembre y en tiempo de recoger la aceituna. Cuando la parió su madre ya hacía menos frío, a finales de marzo, pero estuvo trabajando todo el día en el olivar. Era un día templado radiante y ella vino con mucha salud y con una mata de pelo que sorprendía al visitante. El frío había menguado tanto que ella lo agradeció y así lo mostraba. Su abuela empezó a demostrar un gran interés por su crianza y Nadine le correspondía con entusiasmo. Cuando la veía llegar a casa le ofrecía sus bracitos para que la aupara y así abrazarla con insistencia. Siempre sonriente, era su alegría y por ello decidió hacerse cargo de ella cuando su madre tenía que salir.                                                                                                              Cuando cumplió los dos años, su madre se fue de casa, bajo las promesas de su marido de dedicarle más tiempo, de amarla plenamente y de no dejar pasar un día sin mimarla. Esta vez cambiarían las cosas. Pero su marido volvía a mentirle: “Niña de mis ojos, sólo veo por ti”. Con frases como esta, sería suficiente como para que ella se entregara nuevamente a su juego: la trampa seguía urdida. Como un vampiro le sorbió la juventud y la lozanía de sus mejores años. Nunca hubo un significado próspero en aquellas palabras exentas de amor y sin compromiso, solo agravio y dolor.
Transcurrieron los años y fui a casa de tus abuelos, Nadine. Tu madre y ellos estaban sentados al calor del hogar y me recibieron con buenos ojos. Entonces les pedí su consentimiento para cortejarla. Este detalle, tus abuelos no lo habían visto en su primer noviazgo y se vieron reconfortados. Ellos aprobaron nuestra relación, ilusionados, tras constatar que nuestro comportamiento diario era correcto.
Ahora podían descansar, estando seguros de que yo no iba a aprovecharme de ella. El resto de sus días fueron más placenteros y felices viéndonos ya casados.
Tu madre empezaría a darse cuenta de lo que sus padres le habían intentado enseñar. Ella no les puso oído a sus palabras y pagó caro el sacar un fruto rápido a sus inmaduros años.

NOTA: Este relato está modificado respecto al que escribí para el taller de escritura, en nuestro primer blog del grupo Loquepiensoloescriboaqui, el día 5 de octubre de 2012.



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